MI CUBA LINDA
Un blog para hacer amistades, decir mis cosas, hablar de pesca de recuerdos, de Cuba, sobre todo de Cuba y de los cubanos
Wikipedia
11/10/26
Cuba: Dormir para escapar al "Bloqueó".
17/9/26
Todos somos Humanos..mensaje encontrado en una camiseta
¿Qué hay detrás de la polémica de la camiseta del Real Madrid?
La camiseta llevaba el lema «Todos somos caballas», siendo caballas el nombre con el que tradicionalmente se identifica a los habitantes de Ceuta. La iniciativa pretendía expresar solidaridad con Ceuta, en un contexto marcado por la crisis migratoria y por la llegada de miles de personas desde Marruecos.
Sin embargo, Mbappé, Vinícius y Konaté decidieron no mostrar claramente el lema. Mbappé explicó después que su gesto no significaba falta de solidaridad con Ceuta, sino también solidaridad con los inmigrantes que habían muerto intentando llegar y con quienes sufrían aquella situación.
Personalmente, respeto profundamente la decisión de los tres jugadores.
A mí, particularmente, la expresión «Todos somos caballas» me produce una reflexión diferente. Entiendo que caballas es el gentilicio tradicional de los ceutíes, pero en el contexto político actual de Ceuta me parece que puede terminar recordándoles precisamente aquello que muchos sienten como una condición territorial particular: que su identidad española está permanentemente puesta en cuestión o utilizada políticamente.
Y tampoco me parece acertado utilizar a personas inmigrantes, o a hijos de inmigrantes, como simples figuras decorativas para transmitir un mensaje político. Si se quería defender una determinada posición sobre Ceuta, habría sido mucho más claro y respetuoso hacerlo mediante pancartas, mensajes o campañas institucionales, dejando a las personas fuera de la escenografía política.
Respeto a quienes llevaron la camiseta y respeto, igualmente, a quienes decidieron no exhibir el mensaje.
Porque Ceuta merece algo más que convertirse periódicamente en escenario de maniobras políticas. Si algún día Ceuta pudiera estar verdaderamente al margen de las disputas políticas entre España y Marruecos, quizá sus ciudadanos dejarían de ser utilizados como instrumento para presionar, castigar o enviar mensajes a los políticos.
Al final, detrás de una camiseta hay personas. Y esas personas —ceutíes, inmigrantes o hijos de inmigrantes— merecen ser tratadas como personas y no como piezas de una disputa política.
La polémica por la camiseta del Real Madrid con el mensaje «Todos somos caballas» me deja una reflexión.
Sé perfectamente que caballas es el gentilicio tradicional de los habitantes de Ceuta. Pero, en el contexto político en el que vive esa ciudad, a mí ese lema me resulta incómodo: puede terminar recordándoles precisamente que su españolidad es una cuestión que otros discuten y utilizan políticamente.
Por eso respeto la decisión de Mbappé, Vinícius y Konaté de no exhibirlo.
Y entiendo todavía más la explicación de Mbappé: solidarizarse con Ceuta no debería obligarnos a olvidar a las personas que mueren intentando cruzar una frontera. Se puede tener empatía por los ceutíes y, al mismo tiempo, por los inmigrantes que sufren.
Lo que no me gusta es convertir a las personas en parte del decorado de una batalla política.
No vestiría a inmigrantes ni a hijos de inmigrantes como muñequitos para transmitir un mensaje institucional. Si se quería defender a Ceuta, había mil maneras de hacerlo: pancartas, mensajes, campañas, declaraciones… sin utilizar a personas como elementos simbólicos.
Y aquí está mi reflexión más profunda:
¿Cuánto tiempo más vamos a permitir que los ceutíes sean utilizados como piezas en el tablero político entre España y Marruecos?
Porque mientras unos discuten sobre territorios, fronteras, inmigración e identidades, quienes viven allí tienen que seguir haciendo su vida.
Si Ceuta pudiera algún día quedar verdaderamente al margen de esas maniobras políticas, quizás los ceutíes dejarían de ser utilizados para castigar, presionar o enviar mensajes a políticos de uno u otro lado.
No todo tiene que convertirse en una bandera.
A veces, simplemente hay que mirar a las personas.
Mabon o El final del verano
MABON: CUANDO LA LUZ Y LA OSCURIDAD SE ENCUENTRAN.
El 23 de septiembre llega el equinoccio de otoño: uno de esos momentos del año en que la naturaleza parece detenerse por un instante en perfecto equilibrio entre la luz y la oscuridad.
En el continente europeo las fiestas tienen tradiciones ancestrales sobre todo entre los descendientes de los pueblos celtas, pictos y galeses y en algunas ramas godos y visigodos, todos los llamados "bárbaros" por los dominantes emperadores de Roma tenían sus propios ritos y creencias, e incluido los romanos, griegos y egipcios, todos celebraban fiestas para agradecer la fertilidad y la abundancia que les sonaba la Tierra madre.
En las tradiciones paganas contemporáneas este momento recibe el nombre de Mabon, una celebración relacionada con la cosecha, la gratitud, el equilibrio y el comienzo del camino hacia los meses más oscuros.
Pero hay una curiosidad histórica que merece ser contada: Mabon, como nombre de esta festividad, no es una antigua celebración celta conservada desde tiempos remotos. El nombre fue adoptado en el siglo XX por el movimiento pagano moderno, inspirado en Mabon ap Modron, un personaje de la mitología galesa. Lo que sí es antiquísimo es la costumbre humana de celebrar las cosechas, agradecer los frutos obtenidos y prepararse para el invierno.
¿Qué representa Mabon?
La fiesta o el festival pues dura de 2 a 5 días celebra aspectos fundamentales de la unidad de una tribu, nación o gen. Durante esta se honra y celebra los fonos dados por la Madre Diosa Moderno durante el final del verano con la segunda cosecha.
Celebrase ante todo la abundancia después del esfuerzony la gratitud por lo recibido.
El equilibrio entre lo que conservamos y aquello que debemos dejar marchar.Es pues también un momento de reflexión.
Así como los árboles comienzan a desprenderse de sus hojas, el otoño nos recuerda que soltar no siempre significa perder. Algunas cosas simplemente han cumplido su ciclo.
¿Cómo se celebra?
No existe una única manera de hacerlo. En las prácticas paganas actuales son frecuentes el arreglar una mesa o altar ypreparar una comida con frutos y alimentos de temporada;colocar hojas de árboles caídos, los árboles en otoño toman colores cálidos hermosos en una parra del rojo naranja y del cobre, los frutos de estación :;manzanas, uvas, nueces, calabazas o flores otoñales se muestran como símbolos de la cosecha, encender una vela oscura y una clara como representación de la luz que comienza a disminuir y del equilibrio ;entre luz y sombra.
Es el momento de agradecer aquello que el año nos ha permitido recoger, tanto material como emocionalmente y a la vez de reflexionar sobre aquello que queremos conservar y aquello que estamos preparados para dejar atrás;
Manon, menos potenciado por la modernidad que atribuye a Halloween ( fiesta angloamericana ) todo un mundo de marketing y publicidad, en Europa era el momento ideal de compartir la mesa con familiares o amigos, septiembre dora los días con colores y puestas de sol hermosas y la temperatura permite bailar y divertirse en los prados.
Más que una ceremonia determinada, Mabon puede entenderse como una pausa para mirar nuestra propia cosecha:
¿Qué sembramos?
¿Qué conseguimos hacer crecer?
¿Qué frutos recogimos?
¿Y qué debemos dejar en la tierra para que pueda comenzar un nuevo ciclo?
El otoño no llega solamente para decirnos que el verano terminó.Llega para enseñarnos que todo tiene su momento de florecer, de madurar y también de desprenderse.
Quizás esa sea la verdadera belleza del equinoccio otoñal:
Agradecer lo que tenemos, aceptar lo que termina y caminar hacia lo que viene con la misma serenidad con la que cae una hoja.
Feliz Mabon. Feliz equinoccio de otoño, a todos este 23 de septiembre a las 00:05 , para otros como Cuba al atardecer del 22.
Queridos lectores
Que este nuevo ciclo nos encuentre agradecidos por lo vivido, en paz con lo que dejamos atrás y abiertos a lo que todavía está por florecer.
12/9/26
25 años del 11S. Recordar sin manipular
25 años del 11-S: recordar sin manipular
Hay acontecimientos que no deberían desaparecer de la memoria, pero tampoco deberían ser utilizados para manipularla.
El 11 de septiembre de 2001 murieron casi 3.000 personas. Entre ellas hubo también cubanos y cubanoamericanos. Eran trabajadores, profesionales, inmigrantes, padres, madres, hijos… personas que simplemente estaban viviendo su vida cuando el terrorismo decidió convertirlas en víctimas.
Recordarlas no significa justificar las guerras que vinieron después. Tampoco significa ignorar los abusos cometidos en nombre de la lucha contra el terrorismo.
Y aquí aparece una paradoja que después de 25 años sigue siendo difícil de aceptar: el supuesto cerebro de los atentados, Khalid Sheikh Mohammed, todavía no ha sido juzgado. Está detenido en Guantánamo desde hace años y su juicio está previsto ahora para 2028.
¿Por qué? Porque el caso quedó atrapado entre la política, los tribunales militares, la información clasificada y, sobre todo, las consecuencias de las torturas sufridas durante su detención secreta. Parte de las pruebas quedó jurídicamente cuestionada.
Es una lección incómoda: cuando se utiliza un exceso de fuerza para combatir un crimen, ese mismo exceso puede terminar dificultando que se haga justicia.
La justicia necesita memoria, pero también necesita reglas.
Por eso, recordar el 11-S no debería consistir en escoger qué víctimas merecen ser recordadas y cuáles sirven para construir un discurso político.
Ni olvidar. Ni manipular. Ni justificar la violencia.
Recordar a las víctimas. Investigar los hechos. Juzgar a los responsables con garantías. Y aprender, precisamente, de aquello que no debería repetirse.
9/9/26
Cuba: 64 años de apagones, petróleo y crisis energética
25/7/26
El tema de los contenedores para Cuba
24/7/26
Ormuz antes y después Parte II
Cuando el comercio cedió el paso a la guerra
La historia demuestra que las guerras no comienzan el día en que caen las primeras bombas. Empiezan mucho antes, con años de desconfianza, sanciones económicas, amenazas, operaciones militares limitadas y decisiones políticas que van reduciendo el espacio para el diálogo.
En el caso de Oriente Medio, la tensión entre Irán e Israel se fue acumulando durante décadas. A ello se sumó la estrecha alianza entre Estados Unidos e Israel y la preocupación de Washington por el programa nuclear iraní y por la influencia de Teherán en la región.
Mientras el estrecho de Ormuz permanecía abierto, el mundo seguía funcionando con relativa normalidad. Los petroleros atravesaban diariamente sus aguas, las economías dependían de un suministro estable de energía y los mercados confiaban en que, pese a las tensiones, ninguna de las partes cruzaría el límite de una guerra abierta.
Sin embargo, cuando la confrontación militar aumentó y Estados Unidos intervino directamente junto a Israel, el riesgo dejó de ser únicamente regional. Cada ataque elevaba la incertidumbre sobre la seguridad del transporte marítimo y sobre la posibilidad de que el estrecho de Ormuz pudiera verse afectado. Los mercados reaccionaron con preocupación porque cualquier interrupción del comercio energético repercute en el precio del combustible, el transporte, los alimentos y la inflación en numerosos países.
En medio de este escenario surgieron negociaciones y propuestas de alto el fuego. Sin embargo, la historia enseña que los intentos de tregua no siempre detienen inmediatamente las operaciones militares. En muchos conflictos, las partes continúan realizando acciones armadas mientras buscan mejorar su posición negociadora o responden a ataques que consideran una amenaza. Esto no significa necesariamente que una negociación haya fracasado, sino que la diplomacia y la guerra, lamentablemente, a veces avanzan al mismo tiempo.
También existen diferentes interpretaciones sobre el papel de Estados Unidos en especial del actual Gobierno MAGA. Sus gobiernos han sostenido que actúan para proteger sus intereses estratégicos y los de sus aliados. En cambio, otros analistas consideran que Washington o Trump ha respaldado de forma decisiva la estrategia del gobierno israelí. Ambas visiones forman parte del debate internacional y conviene distinguirlas de los hechos comprobados.
Quizá la mayor lección de esta crisis sea que la paz tiene un valor económico además de humano. Cuando un estrecho como Ormuz permanece abierto y seguro, no solo circulan barcos: circulan alimentos, medicinas, materias primas, empleos y oportunidades para millones de personas.
La guerra destruye ciudades, pero también rompe cadenas comerciales construidas durante siglos. Reconstruir un puerto es posible; reconstruir la confianza entre las naciones suele llevar mucho más tiempo.
La historia juzgará las decisiones de cada gobierno. Mientras tanto, los ciudadanos del mundo seguiremos esperando que la diplomacia consiga aquello que las armas nunca han logrado: una paz duradera.
Ormuz antes y después . I
Ormuz antes y
después (Parte I)
El estrecho que mueve al mundo
Mucho antes de convertirse en noticia por la guerra, el estrecho de Ormuz ya era uno de los pasos marítimos más importantes de la historia.
Desde hace más de tres mil años, las embarcaciones de los antiguos imperios persas, mesopotámicos, árabes e indios utilizaban estas aguas para intercambiar especias, perlas, incienso, tejidos, metales y otros productos. Con el paso de los siglos, portugueses, británicos y otras potencias comprendieron que quien controlara este estrecho tendría una enorme influencia sobre el comercio entre Oriente y Occidente.
Hoy, Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el océano Índico. Aunque en su punto más angosto apenas supera los 30 kilómetros de ancho, por este corredor suele transitar cerca de una quinta parte del petróleo comercializado por vía marítima en el mundo, además de grandes volúmenes de gas natural licuado procedentes de países como Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Catar.
Antes de la actual escalada militar, cada día cruzaban decenas de petroleros y buques mercantes. La economía mundial dependía de que esas aguas permanecieran abiertas y seguras. Cuando un barco se retrasaba, el efecto se sentía en las gasolineras, en las fábricas, en el precio de los alimentos y hasta en el transporte de mercancías en lugares muy lejanos del Oriente Medio.
Con el aumento de las tensiones entre Irán, Israel y Estados Unidos, ese equilibrio comenzó a romperse. Los seguros marítimos se encarecieron, muchos barcos modificaron sus rutas y el precio del petróleo reaccionó inmediatamente. El temor no era solamente una guerra regional: era el riesgo de que una arteria vital del comercio mundial dejara de funcionar con normalidad.
La historia demuestra que Ormuz nunca ha sido únicamente un paso de agua. Ha sido un punto donde se cruzan la economía, la política, la energía y la estrategia militar. Cada decisión tomada allí repercute en millones de personas, incluso en países situados a miles de kilómetros.
En el próximo artículo analizaremos cómo la crisis fue escalando, qué intereses estaban en juego para cada actor y por qué un conflicto regional terminó teniendo consecuencias para toda la economía mundial.
Cuando una negociación de paz coincide con nuevas operaciones militares, no siempre significa que una de las partes no quiera negociar. En muchos conflictos, los gobiernos intentan mejorar su posición antes de un acuerdo, responden a ataques que consideran una violación del alto el fuego o buscan aumentar su capacidad de presión. Por eso, para comprender lo que ocurre es importante distinguir entre los hechos comprobados, las declaraciones oficiales y las interpretaciones políticas. Solo así podremos acercarnos a una visión más completa de una realidad extraordinariamente compleja.





