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17/9/26

Todos somos Humanos..mensaje encontrado en una camiseta

¿Qué hay detrás de la polémica de la camiseta del Real Madrid?

La camiseta llevaba el lema «Todos somos caballas», siendo caballas el nombre con el que tradicionalmente se identifica a los habitantes de Ceuta. La iniciativa pretendía expresar solidaridad con Ceuta, en un contexto marcado por la crisis migratoria y por la llegada de miles de personas desde Marruecos.

Sin embargo, Mbappé, Vinícius y Konaté decidieron no mostrar claramente el lema. Mbappé explicó después que su gesto no significaba falta de solidaridad con Ceuta, sino también solidaridad con los inmigrantes que habían muerto intentando llegar y con quienes sufrían aquella situación.

Personalmente, respeto profundamente la decisión de los tres jugadores.

A mí, particularmente, la expresión «Todos somos caballas» me produce una reflexión diferente. Entiendo que caballas es el gentilicio tradicional de los ceutíes, pero en el contexto político actual de Ceuta me parece que puede terminar recordándoles precisamente aquello que muchos sienten como una condición territorial particular: que su identidad española está permanentemente puesta en cuestión o utilizada políticamente.

Y tampoco me parece acertado utilizar a personas inmigrantes, o a hijos de inmigrantes, como simples figuras decorativas para transmitir un mensaje político. Si se quería defender una determinada posición sobre Ceuta, habría sido mucho más claro y respetuoso hacerlo mediante pancartas, mensajes o campañas institucionales, dejando a las personas fuera de la escenografía política.

Respeto a quienes llevaron la camiseta y respeto, igualmente, a quienes decidieron no exhibir el mensaje.

Porque Ceuta merece algo más que convertirse periódicamente en escenario de maniobras políticas. Si algún día Ceuta pudiera estar verdaderamente al margen de las disputas políticas entre España y Marruecos, quizá sus ciudadanos dejarían de ser utilizados como instrumento para presionar, castigar o enviar mensajes a los políticos.

Al final, detrás de una camiseta hay personas. Y esas personas —ceutíes, inmigrantes o hijos de inmigrantes— merecen ser tratadas como personas y no como piezas de una disputa política.

La polémica por la camiseta del Real Madrid con el mensaje «Todos somos caballas» me deja una reflexión.

Sé perfectamente que caballas es el gentilicio tradicional de los habitantes de Ceuta. Pero, en el contexto político en el que vive esa ciudad, a mí ese lema me resulta incómodo: puede terminar recordándoles precisamente que su españolidad es una cuestión que otros discuten y utilizan políticamente.

Por eso respeto la decisión de Mbappé, Vinícius y Konaté de no exhibirlo.

Y entiendo todavía más la explicación de Mbappé: solidarizarse con Ceuta no debería obligarnos a olvidar a las personas que mueren intentando cruzar una frontera. Se puede tener empatía por los ceutíes y, al mismo tiempo, por los inmigrantes que sufren.

Lo que no me gusta es convertir a las personas en parte del decorado de una batalla política.

No vestiría a inmigrantes ni a hijos de inmigrantes como muñequitos para transmitir un mensaje institucional. Si se quería defender a Ceuta, había mil maneras de hacerlo: pancartas, mensajes, campañas, declaraciones… sin utilizar a personas como elementos simbólicos.

Y aquí está mi reflexión más profunda:

¿Cuánto tiempo más vamos a permitir que los ceutíes sean utilizados como piezas en el tablero político entre España y Marruecos?

Porque mientras unos discuten sobre territorios, fronteras, inmigración e identidades, quienes viven allí tienen que seguir haciendo su vida.

Si Ceuta pudiera algún día quedar verdaderamente al margen de esas maniobras políticas, quizás los ceutíes dejarían de ser utilizados para castigar, presionar o enviar mensajes a políticos de uno u otro lado.

No todo tiene que convertirse en una bandera.

A veces, simplemente hay que mirar a las personas.

Mabon o El final del verano

MABON: CUANDO LA LUZ Y LA OSCURIDAD SE ENCUENTRAN.

El 23 de septiembre llega el equinoccio de otoño: uno de esos momentos del año en que la naturaleza parece detenerse por un instante en perfecto equilibrio entre la luz y la oscuridad.

En el continente europeo las fiestas tienen tradiciones ancestrales sobre todo entre los descendientes de los pueblos celtas, pictos y galeses y en algunas ramas godos y visigodos, todos los llamados "bárbaros" por los dominantes  emperadores de Roma tenían sus propios ritos y creencias, e incluido los romanos, griegos y egipcios, todos celebraban fiestas para agradecer la fertilidad y la abundancia que les sonaba la Tierra madre.

En las tradiciones paganas contemporáneas este momento recibe el nombre de Mabon, una celebración relacionada con la cosecha, la gratitud, el equilibrio y el comienzo del camino hacia los meses más oscuros.

Pero hay una curiosidad histórica que merece ser contada: Mabon, como nombre de esta festividad, no es una antigua celebración celta conservada desde tiempos remotos. El nombre fue adoptado en el siglo XX por el movimiento pagano moderno, inspirado en Mabon ap Modron, un personaje de la mitología galesa. Lo que sí es antiquísimo es la costumbre humana de celebrar las cosechas, agradecer los frutos obtenidos y prepararse para el invierno.

¿Qué representa Mabon? 

La fiesta o el festival pues dura de 2 a 5 días celebra aspectos fundamentales de la unidad de una tribu, nación o gen. Durante esta se honra y celebra los fonos dados por la Madre Diosa Moderno durante el final del verano con la segunda cosecha.

Celebrase ante todo la abundancia después del esfuerzony la gratitud por lo recibido.
El equilibrio entre lo que conservamos y aquello que debemos dejar marchar.Es pues también  un momento de reflexión.

Así como los árboles comienzan a desprenderse de sus hojas, el otoño nos recuerda que soltar no siempre significa perder. Algunas cosas simplemente han cumplido su ciclo.

¿Cómo se celebra?

No existe una única manera de hacerlo. En las prácticas paganas actuales son frecuentes el arreglar una mesa o altar ypreparar una comida con frutos y alimentos de temporada;colocar hojas de árboles caídos, los árboles en otoño toman colores cálidos hermosos en una parra del rojo naranja y del cobre, los frutos de estación :;manzanas, uvas, nueces, calabazas o flores otoñales se muestran como símbolos de la cosecha, encender una vela  oscura y una clara como representación de la luz que comienza a disminuir y del equilibrio ;entre luz y sombra.

Es el momento de agradecer aquello que el año nos ha permitido recoger, tanto material como emocionalmente y a la vez de reflexionar sobre aquello que queremos conservar y aquello que estamos preparados para dejar atrás;
Manon, menos potenciado por la modernidad que atribuye a Halloween ( fiesta angloamericana ) todo un mundo de marketing y publicidad, en Europa era el momento ideal de compartir la mesa con familiares o amigos, septiembre dora los días con colores y puestas de sol hermosas y la temperatura permite bailar y divertirse en los prados.

Más que una ceremonia determinada, Mabon puede entenderse como una pausa para mirar nuestra propia cosecha:

¿Qué sembramos?
¿Qué conseguimos hacer crecer?
¿Qué frutos recogimos?
¿Y qué debemos dejar en la tierra para que pueda comenzar un nuevo ciclo?

El otoño no llega solamente para decirnos que el verano terminó.Llega para enseñarnos que todo tiene su momento de florecer, de madurar y también de desprenderse.

Quizás esa sea la verdadera belleza del equinoccio otoñal:

Agradecer lo que tenemos, aceptar lo que termina y caminar hacia lo que viene con la misma serenidad con la que cae una hoja.

Feliz Mabon. Feliz equinoccio de otoño, a todos este 23 de septiembre a las 00:05 , para otros como Cuba al atardecer del 22.

Queridos lectores

Que este nuevo ciclo nos encuentre agradecidos por lo vivido, en paz con lo que dejamos atrás y abiertos a lo que todavía está por florecer.

12/9/26

25 años del 11S. Recordar sin manipular

25 años del 11-S: recordar sin manipular



Hay acontecimientos que no deberían desaparecer de la memoria, pero tampoco deberían ser utilizados para manipularla.

El 11 de septiembre de 2001 murieron casi 3.000 personas. Entre ellas hubo también cubanos y cubanoamericanos. Eran trabajadores, profesionales, inmigrantes, padres, madres, hijos… personas que simplemente estaban viviendo su vida cuando el terrorismo decidió convertirlas en víctimas.

Recordarlas no significa justificar las guerras que vinieron después. Tampoco significa ignorar los abusos cometidos en nombre de la lucha contra el terrorismo.

Y aquí aparece una paradoja que después de 25 años sigue siendo difícil de aceptar: el supuesto cerebro de los atentados, Khalid Sheikh Mohammed, todavía no ha sido juzgado. Está detenido en Guantánamo desde hace años y su juicio está previsto ahora para 2028.

¿Por qué? Porque el caso quedó atrapado entre la política, los tribunales militares, la información clasificada y, sobre todo, las consecuencias de las torturas sufridas durante su detención secreta. Parte de las pruebas quedó jurídicamente cuestionada.

Es una lección incómoda: cuando se utiliza un exceso de fuerza para combatir un crimen, ese mismo exceso puede terminar dificultando que se haga justicia.

La justicia necesita memoria, pero también necesita reglas.

Por eso, recordar el 11-S no debería consistir en escoger qué víctimas merecen ser recordadas y cuáles sirven para construir un discurso político.

Ni olvidar. Ni manipular. Ni justificar la violencia.

Recordar a las víctimas. Investigar los hechos. Juzgar a los responsables con garantías. Y aprender, precisamente, de aquello que no debería repetirse.

9/9/26

Cuba: 64 años de apagones, petróleo y crisis energética

Cuando hablamos de los apagones en Cuba, es frecuente escuchar dos explicaciones completamente opuestas: unos dicen que todo se debe al bloqueo estadounidense; otros, que todo es consecuencia de la mala gestión del Gobierno cubano.
Pero la historia es bastante más compleja.
Los apagones que hoy sufren los cubanos no comenzaron en 2024 ni tampoco comenzaron con el bloqueo de 1962. Cuba ha atravesado diferentes crisis energéticas a lo largo de las últimas seis décadas, y cada una tuvo causas y circunstancias diferentes.
🕰️ 1959–1961: antes del bloqueo
Después de 1959, Cuba ya tenía una infraestructura eléctrica con problemas y necesidades de modernización, pero no vivía una situación comparable con los apagones actuales.
En 1962, Estados Unidos estableció formalmente el embargo económico contra Cuba. Desde entonces, las restricciones comerciales y financieras estadounidenses se convirtieron en un factor permanente que ha dificultado determinadas compras de combustible, tecnología, equipos y piezas.
Pero la historia energética cubana cambiaría considerablemente durante las décadas siguientes.
🇷🇺 Los años soviéticos
Durante los años 70 y 80, Cuba recibió un importante apoyo económico y energético de la Unión Soviética.
El petróleo soviético, suministrado en condiciones preferenciales, permitió mantener funcionando buena parte de la economía cubana.
Durante esos años, el sistema eléctrico cubano tuvo una situación mucho más estable que la que conocemos hoy.
Pero existía una enorme dependencia: una parte importante de la economía cubana dependía del petróleo y de la relación económica con Moscú.
⚠️ 1991: comienza el Período Especial
Cuando desapareció la Unión Soviética, Cuba perdió de golpe a su principal socio económico y una fuente fundamental de combustible.
El resultado fue dramático.
Durante los años 90, Cuba entró en el llamado Período Especial.
Faltaba combustible para las centrales eléctricas, para el transporte y para la industria.
Los apagones podían durar muchas horas y llegaron a convertirse en parte de la vida cotidiana de los cubanos.
Esta crisis demuestra algo importante: Cuba ya había sufrido una enorme crisis eléctrica antes de depender del petróleo venezolano y mucho antes de los apagones actuales.
🇻🇪 El petróleo venezolano
Durante los años 2000 y especialmente durante la relación entre Cuba y Venezuela, la situación energética volvió a mejorar.
El petróleo venezolano permitió a Cuba disponer de combustible en condiciones mucho más favorables que las que podía obtener en el mercado internacional.
Los apagones graves disminuyeron, aunque nunca desaparecieron completamente.
Sin embargo, mientras el suministro de combustible ayudaba a mantener funcionando el sistema, otro problema se iba acumulando silenciosamente:
las centrales eléctricas envejecían.
Faltaban inversiones, mantenimiento, piezas y renovación tecnológica.
🔌 2019–2022: vuelve a aparecer el problema
Con la crisis venezolana, la pandemia y el deterioro de la economía cubana, comenzó a disminuir la disponibilidad de combustible.
El sistema eléctrico empezó a tener cada vez más dificultades.
Las centrales termoeléctricas cubanas, muchas de ellas con varias décadas de explotación, comenzaron a sufrir averías y períodos prolongados de mantenimiento.
Los apagones aumentaron.
🔥 2023–2024: la crisis se dispara
Durante 2023 y 2024 la situación empeoró rápidamente.
Ya no se trataba solamente de cortes ocasionales.
El déficit de generación comenzó a ser tan grande que los apagones podían ocupar una parte considerable del día.
Y en octubre de 2024 ocurrió algo que marcó un antes y un después: la red eléctrica nacional colapsó completamente.
Millones de personas quedaron sin electricidad.
A partir de ese momento comenzaron a producirse nuevos colapsos nacionales y apagones cada vez más prolongados.
⚡ 2025–2026: una crisis sin precedentes recientes
Durante 2025 los apagones se hicieron todavía más largos y frecuentes.
En muchos lugares comenzaron a ser habituales jornadas con numerosas horas sin electricidad.
Y en 2026 la situación continuó deteriorándose, con nuevos colapsos de la red nacional y períodos en los que una parte enorme del país permaneció simultáneamente sin corriente.
Ya no estamos hablando simplemente de una central averiada.
Estamos hablando de un sistema eléctrico completo sometido durante años a una combinación de problemas.
🤔 Entonces, ¿es el bloqueo o es la mala gestión?
Probablemente la respuesta más honesta sea:
son varios factores.
El embargo estadounidense existe desde 1962 y ha impuesto restricciones económicas que afectan la capacidad de Cuba para realizar determinadas operaciones comerciales y financieras.
Pero también es cierto que Cuba ha tenido durante décadas problemas propios: centrales antiguas, falta de mantenimiento, insuficiente inversión, dificultades para comprar piezas y equipos, problemas financieros y una enorme dependencia de proveedores externos de combustible.
Y existe una prueba histórica muy importante:
Cuando Cuba recibió petróleo soviético y posteriormente venezolano en condiciones favorables, los apagones disminuyeron considerablemente, a pesar de que el embargo estadounidense seguía existiendo.
Esto significa que el embargo por sí solo no puede explicar todos los apagones de la historia cubana.
Pero tampoco sería serio ignorar que las sanciones y restricciones estadounidenses complican el acceso de Cuba a determinados mercados, financiamiento, tecnología y suministros.
🌎 Una historia de dependencia energética
Quizás el problema más profundo sea otro.
Durante décadas Cuba pasó de depender de la Unión Soviética a depender en buena medida de Venezuela.
Cuando esos suministros disminuyeron, las debilidades acumuladas del sistema eléctrico quedaron completamente expuestas.
Un país que no consigue producir suficiente energía y que depende de terceros para mantener funcionando sus centrales queda extremadamente vulnerable cuando cambia la situación internacional.
Y eso es precisamente lo que estamos viendo.
¿Y los cubanos?
Mientras gobiernos, políticos y economistas discuten quién tiene la culpa, hay una realidad que no necesita discusión:
son los cubanos quienes viven los apagones.
Horas sin electricidad significan alimentos que se deterioran, agua que no puede bombearse, dificultades para cocinar, trabajar o estudiar, noches sin ventilación durante el calor del verano y una enorme presión sobre la vida cotidiana.
Por eso, cuando hablamos de la crisis energética cubana, quizás deberíamos dejar de buscar una única explicación.
La historia de los apagones en Cuba es también la historia de dependencias económicas, decisiones políticas, falta de inversión, envejecimiento de las infraestructuras, crisis internacionales y sanciones.
Y después de 64 años, la pregunta ya no debería ser solamente:
¿Quién tiene la culpa?
La pregunta debería ser:
¿Qué necesita Cuba para volver a tener un sistema eléctrico estable, moderno y capaz de sostener la vida de sus ciudadanos?
Porque mientras se discute quién tiene razón, las luces siguen apagándose.