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5/6/26

Con el agua a la boca


Cuba en 2026: una crisis que ya no puede explicarse solo por el embargo aunque le pese a quien le pese.

Los apagones actuales tienen una causa externa y una interna. La explicación oficial enfatiza las sanciones estadounidenses, la escasez de combustible y la pérdida de apoyo energético externo. Sin embargo, esa explicación resulta insuficiente para entender la magnitud del colapso. Incluso analistas que reconocen el impacto de las sanciones señalan el deterioro acumulado de la infraestructura eléctrica, décadas de subinversión, falta de mantenimiento y una estructura económica incapaz de generar los recursos necesarios para renovar el sistema energético. Las noticias de que se revendían parte de las toneladas que llegaban desde Venezuela y México nunca se ha aclarado debidamente y el silencio oficial ante las noticias de las redes da fuerza al triste....El que calla otorga.

La pregunta que muchos cubanos se hacen no es si las sanciones afectan, sino por qué después de tantos años de advertencias el país llegó a depender de un parque termoeléctrico envejecido y vulnerable. La crisis energética actual es el resultado de una combinación de presión externa y errores internos acumulados. Y como el justificar se ha vuelto deporte nacional se desgasta la colectividad entre dar culpas a los viejos Ministros de Energía o a la característica tozudez del Líder supremo, todo esto salpicado de embargo americano y fatalismo de ser neocolonia rusa en los primeros 30 años o de no haber curado el barco junto a Gorbachov cosa que se trata ahora de realizar...A mi manera como los versos de la canción.

¿Por qué aparece Raúl Guillermo Rodríguez Castro en conversaciones con Estados Unidos?
Formalmente, Raúl Guillermo Rodríguez Castro no ocupa uno de los cargos más altos del Estado cubano. Sin embargo, diversas informaciones coinciden en que actúa como hombre de confianza y canal de acceso a su abuelo, Raúl Castro. Analistas y reportes recientes lo describen más como un intermediario que como un negociador autónomo. 
Su presencia en conversaciones con funcionarios estadounidenses sugiere algo importante: ciertos sectores de Washington consideran que el poder real en Cuba no coincide necesariamente con el organigrama oficial. Aunque Miguel Díaz-Canel es el presidente, existe la percepción de que determinadas decisiones estratégicas siguen pasando por círculos históricos vinculados a Raúl Castro. 

¿Dónde están los funcionarios de más alto nivel?

Esa es precisamente una de las críticas más frecuentes dentro y fuera de Cuba. En una situación de emergencia nacional permanente, muchos observadores esperaban una presencia pública más activa de las máximas figuras económicas y políticas explicando estrategias, metas y responsabilidades.Para desgracia de estos han sido demasiadas intervenciones con actitud severa o impositiva donde frases infelices como la " el que no trabaje con el estado se va a morir de hambre" o el insistir en que el ordenamiento monetario corregiría distorsiones económicas y aumentaría incentivos productivos. Sin embargo, la posterior inflación y pérdida del poder adquisitivo mostraron más "coyunturas o distorsiones " que eficiencia o equilibrio.
La percepción popular es que existe una brecha creciente entre la gravedad de la crisis cotidiana y la capacidad del liderazgo para generar confianza mediante resultados concretos.

¿Qué ocurrió con los think tanks y reformistas de los años noventa y dos mil?
Durante los años noventa y especialmente entre 2008 y 2019 existió un espacio relativamente mayor para economistas, académicos y expertos que discutían reformas, descentralización, ampliación del sector privado y modernización del modelo económico.
Muchos de esos especialistas no desaparecieron, pero su influencia parece haberse reducido. Tras 2019 el énfasis político se desplazó hacia la estabilidad, el control institucional y la seguridad. El resultado ha sido una menor visibilidad pública de propuestas reformistas profundas y una mayor presencia de discursos defensivos centrados en la resistencia y la soberanía.
¿Por qué hay más presión, más control y más consignas que antes?
La respuesta más probable es política.
Cuando una economía crece, los gobiernos pueden apoyarse en resultados. Cuando una economía se contrae durante años, aumenta la tentación de apoyarse en mecanismos de control político.
Desde 2019 se aprobaron nuevas normativas y mecanismos regulatorios relacionados con la comunicación, internet, la actividad cívica y el espacio público. Diversas organizaciones han señalado que estas normas han ampliado la capacidad estatal para controlar la expresión pública y digital. 
Paradójicamente, la Constitución de 2019 reconoce libertades de pensamiento, expresión y prensa, aunque subordinadas al marco legal y político existente
Pero , ¿quién impulsa este endurecimiento?
No existe una respuesta única documentada. Pero la evidencia apunta a una combinación de factores:
El aparato de seguridad del Estado.
Sectores del Partido Comunista preocupados por la estabilidad.
Funcionarios que consideran que una apertura política podría derivar en pérdida de control institucional.
Una generación dirigente formada en la lógica de la confrontación y la resistencia y preocupada por mantenerse en el poder y con el control total de las finanzas.
El problema es que la estabilidad administrativa obtenida mediante controles crecientes no necesariamente genera eficiencia económica. Y esto nos lleva a la pregunta de los 64 mil pesos de antaño 
¿Qué tendría que hacer Cuba para reorganizar el caos socioeconómico?
Si el objetivo fuera la recuperación económica y no la preservación del modelo actual, varias medidas parecen inevitables:
Unificar completamente el mercado cambiario.En vez de ello y contra todo principio lógico no hemos votado hacia el potenziamento de otra moneda tipo Euro o alguna de las de los miembros  del BRICS, sino hemos incrementado una "dolarización" que recuerda el  te odio y te amo de Usa y China.
Garantizar seguridad jurídica para la inversión nacional y extranjera, incluso ahora que el Ministerio de Comercio Exterior insiste en proponer hasta importaciones de combustible la medida financiera.
Liberar gran parte de la agricultura de controles burocráticos.
Reducir el peso de monopolios estatales improductivos.
Permitir la creación de pequeñas y medianas empresas sin restricciones ideológicas, no olvidemos que TCP y Mipimex son continuamente acusados de incrementar inflación si bien los productos que oferta el Estado históricamente tienen un 240% sobre el precio de costo .
Descentralizar decisiones hacia municipios y provincias, ha sido y es muy difícil concretar negocios turísticos o de otra índole, famoso el caso de la recapadora de gomas de Camagüey que en el 1998 recibiera una interesante oferta de parte de Remo Sandonati para modernizar maquinaria para recapes rin 13/17 y la dirección de la Goma habanera canceló la negociación proponiendo otra en la Habana ,que la parte italiana rechazo.
Recuperar credibilidad estadística y transparencia económica, nunca se sabe cuánto gasta y cuanto produce cada empresa muchas veces quebrada a la que el Estado debe subvencionar.
Priorizar energía, transporte y alimentos antes que proyectos de baja rentabilidad, el mayor error fue priorizar el Torre K contra recuperar al menos una central de energía o equipamientos para detección de cáncer y radioterapia o para equipos y reactivos de laboratorio clínico.
Crear un pacto nacional que incorpore académicos, empresarios, cooperativistas y emigrados.
Sustituir la política de consignas por una política de resultados medibles, vale más un pueblo relajado y trabajando que un pueblo resistiendo creativamente a hambre calor mosquitos y desesperanza, nadie dice cuando terminará y como y eso no lo tapa ninguna consigna.
Conclusión
La crisis cubana de 2026 ya no puede explicarse únicamente por factores externos ni únicamente por errores internos. Ambos elementos existen. Sin embargo, lo que distingue la situación actual es la percepción de agotamiento del modelo de gestión. Los apagones, la emigración masiva, la caída de la producción y el aumento del control político sugieren que el sistema dedica más energía a administrar la crisis que a resolver sus causas.
La cuestión central ya no parece ser si Cuba necesita reformas, sino si quienes tienen el poder están dispuestos a realizar reformas que inevitablemente reducirían parte del control político acumulado durante décadas y si ello lleve realmente a que se levanten las sanciones americanas que impiden el apoyo externo a una Isla que resiste con el agua a la boca pero rebelde e independiente sin negar su esencia separatista . Esa es, probablemente, la contradicción principal de la Cuba contemporánea.

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